martes, 15 de julio de 2008

Ir a la biblioteca un domingo

Justo cuando podemos quedarnos en la cama, a veces preferimos pegar un salto y salir a charlar con los autores en un espacio adecuado. La calle solitaria y el inusual silencio comienzan a dar aliento y facilitar la llegada. En la entrada nos despojamos de los bolsos, nos descargamos, nos deslastramos del mundo pesado. Con la desnudez de un lápiz amarillo y una hoja blanca, somos más livianos para las exploraciones. Todos los tacones y suelas comienzan a tocar un ritmo contra el suelo brillante, como latidos que irrumpen en el silencio; es el eco de los pasos sobre el mármol brillante, como dentro de un palacio de madera; sístoles y diástoles que marcan el compás de los murmullos acaso inaudibles de la gente que empieza a aparecer.
Si bajamos las escaleras nos encontramos con alguien que sube abrazando unas fotocopias, luego una muchacha -deportivamente vestida- golpeando la baranda con su débil portaminas de plástico. Atravesamos el umbral de la sala con la impresión de ver las sillas y mesas atestadas, pero siempre habría un espacio. Buscamos las cotas en las computadoras del saloncito con puertas de vidrio, una cápsula seudomoderna donde tecleamos nombres y comillas para buscar una respuesta que nos satisfaga. Las teclas amarillentas son los aromáticos ficheros de los nuevos tiempos, donde igual han danzado todos los dedos del mundo. Si obtenemos una respuesta maquinal, anotamos el código, el número que le toca a cada libro presidiario, a los cuales los carceleros anuncian sus visitas. Llenar la planilla es una isla dentro del placer. Es aburrido malgastar grafito en los datos intrascendentes que reclaman esos grises formatos, viejos, casi burocráticos. Pero son un requisito, no hay más remedio. El buen carcelero la recibe, y al cabo de unos minutos, vuelve con el preso, arrebata el carné, da una ficha, quita otra. El buen carcelero juega con las fichas verdes, rosadas y azules.
- Toma. Este libro circula.
¿Para qué va a circular? ¿Por dónde? ¿Para ser leído oblicuamente en una cama, escuchando platos, tenedores y las estupideces de los tres televisores de la casa?
- ¡Ah! Gracias.
Lo mejor es dar la vuelta, regresarse por el mismo camino y subir hasta el final, a la sala más alta, adonde esté el balcón más olímpico para invocar a los autores desde ahí, más cerca, desde la cima del templo. Las sillas son de oficina pública, otras son de mimbre simplón, pero parecen tronos frente a la montaña, frente al frescor de los árboles y, allá abajo, el tapiz verde saluda con vértigo. El deleite está en elegir un trono, estirar las piernas y montar los pies en el muro, sentir la brisa matinal, abrir el libro con su antiguo perfume de cautivo y meterse de cabeza en él, rodeado de quietud. Pero también está en el momento en que interrumpimos la lectura para concentrarnos en los tímidos llantos de ensayo de los violines que se preparan para el concierto dominical del auditorio contiguo a la biblioteca. También está el deleite en ver, desde arriba, a un padre con sus dos hijos pequeños, todos enguantados en medio del desierto, y en escuchar el delicioso quejido de la pelota entrando secamente en el guante. Quién sabe cuánto tiempo ha pasado ya con el índice derecho atrapado entre las páginas del libro, pero qué importa. De pronto estalla un grito amargo, como de entrenador:
- Señores, en cinco minutos cerramos el servicio.
A esas alturas, hasta las más cretinas impertinencias pueden no sonar tan mal. El momento está llegando a su final. Resignadamente, el momento ha finalizado y pronto volverá el ruido represor. Templo, palacio o cárcel, ir a la biblioteca los domingos es un encuentro monumental con las máximas virtudes de la especie

2 comentarios:

Geraldine dijo...

guaro cuando publicas el libro?? juralo q lo comprooo! osea, amoooo como escribes, puedes hacer algo tan simple como un dia en la biblioteca una delicia...

Ricardo Andrade dijo...

Tan bella, Yeye!! Mil gracias! Ese comentario es un gran incentivo para mí.. Entonces para publicar sólo me hace falta tener una obra una editorial interesada, nada más, jejeje! Muchas gracias por leerme y más todavía porque te guste hacerlo!!
Un beso!!